Cuando los padres o cuidadores oyen las palabras «buscar ayuda» en relación con el consumo de sustancias, es fácil que imaginen el peor de los casos. Muchas personas se imaginan situaciones de emergencia, tratamientos hospitalarios o tener que esperar hasta que la situación se haya agravado tanto que la intervención profesional resulte inevitable.
En realidad, la ayuda y los recursos pueden estar disponibles mucho antes, y a menudo se presentan de una forma diferente a la que la gente espera. Para muchas familias, el primer paso no es iniciar un tratamiento, sino simplemente hablar con un profesional de confianza o con un recurso comunitario para comprender mejor lo que está sucediendo. Eso puede significar informarse mejor sobre el consumo de sustancias en la adolescencia, analizar lo que está ocurriendo o explorar los recursos disponibles antes de decidir si es necesario tomar alguna medida adicional.
No hace falta que esperes a tener la certeza para dar el paso. Tanto si estás notando pequeños cambios como si simplemente intentas entender lo que ves, informarte pronto sobre tus opciones puede ayudarte a decidir qué hacer a continuación.
Cuando no sabes muy bien qué hacer
Es normal sentirse inseguro sobre lo que está pasando o sobre si lo que estás observando merece tu preocupación. Muchos padres y cuidadores se preguntan si los cambios en el estado de ánimo o el comportamiento de sus hijos adolescentes son simplemente parte de la adolescencia o si son señales de que puede estar pasando algo más.
No es necesario que tengas todas las respuestas antes de pedir ayuda. Hablar con un profesional de confianza o con un recurso comunitario puede ayudarte a comprender mejor lo que estás viviendo, a poner la situación en perspectiva y a explorar opciones que se adapten a las necesidades de tu familia. A veces, esas conversaciones simplemente te dan tranquilidad. Otras veces, pueden ayudarte a identificar recursos adicionales o posibles vías para seguir adelante.
Buscar ayuda no significa dar por hecho lo peor. Se trata de obtener la información que necesitas para tomar decisiones meditadas y sentirte más seguro de tu enfoque.
¿No No hay un único lugar por donde empezar
Dependiendo de la situación de tu familia, uno de los primeros pasos podría ser:
- Habla con el pediatra de tu hijo adolescente, quien podrá responder a tus preguntas, ayudarte a evaluar lo que estás observando y recomendarte los pasos a seguir más adecuados si fuera necesario.
- Ponte en contacto con un orientador escolar, un líder religioso u otro adulto de confianza que conozca a tu hijo adolescente. Es posible que puedan ofrecerte su punto de vista sobre los cambios que hayan observado y ayudar a tu familia a acceder a recursos adicionales, si procede.
- Ponerse en contacto con una organización comunitaria, como Didi Hirsch, cuyo personal cuenta con experiencia en el trabajo con jóvenes que sufren problemas de salud mental o de consumo de sustancias. Estas organizaciones pueden ayudar a las familias a comprender mejor los servicios disponibles y a determinar qué tipo de asistencia puede resultar más útil.
- Acudir a un profesional de la salud mental si se necesita una evaluación adicional o una atención continuada.
- Animar a tu hijo adolescente a ponerse en contacto con Teen Line si se siente más cómodo hablando primero con alguien de su misma edad.
Además, tienes tienes que elegir solo un camino. Cada familia es diferente, y el mejor punto de partida depende de lo estés estás viviendo, la edad de tu necesidades de tu y de los recursos disponibles en tu comunidad.
Hacer preguntas forma parte de la crianza de los hijos
A algunos padres y cuidadores les preocupa que hablar con un profesional signifique que, de alguna manera, han fracasado o que se les va a quitar inmediatamente el control sobre las decisiones.
En realidad, pedir ayuda consiste en recabar información, no en renunciar a tu papel como padre, madre o cuidador. Te brinda la oportunidad de comprender mejor tu situación, conocer las opciones disponibles y tomar decisiones con conocimiento de causa.
Del mismo modo que no ignorarías las preocupaciones sobre la salud física de tu hijo adolescente, está bien hacerle preguntas sobre su bienestar emocional o sobre un posible consumo de sustancias.
No hace falta que lo tengas todo claro
La crianza de un adolescente no viene con un manual de instrucciones, y las preguntas sobre el consumo de sustancias pueden hacer que incluso los cuidadores mejor preparados se sientan inseguros.
No tienes por qué afrontar estas decisiones tú solo. Pedir ayuda puede proporcionarte más información y confianza a la hora de decidir qué paso dar a continuación.
Conocer tus opciones puede ayudarte a seguir adelante con mayor confianza y serenidad.